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jueves, 8 de noviembre de 2012

picudo rojo, el terror de las palmeras



El picudo rojo es un coleóptero, un escarabajo originario del sudeste asiático que se ha extendido por gran parte del mundo. Es una de esas especies catalogadas como invasoras porque tiene una altísima capacidad de adaptación.
Fue detectado por primera vez en Andalucía en 1995, en Almuñécar, y hoy está presente por toda la geografía andaluza, y también por todo el país, así como por otros países de la cuenca mediterránea.
Para su desarrollo necesita a las palmeras, especialmente la palmera canaria Phoenix canariensis y la datilera Phoenix dactylifera. No suele atacar a las especies de Washingtonia.

¿Cómo es el picudo rojo?

Los adultos son escarabajos de entre 2 y 5 cm, de color rojizo y con un característico “pico” alargado. Debido a su aspecto físico recibe el nombre científico de Rhynchophorus ferrugineus y nombre vulgar: picudo rojo.

En la parte dorsal del tórax presenta manchas negras y en los élitros una serie de líneas oscuras. Los machos poseen unos pelos sobre el pico que los distinguen de las hembras.



Las hembras ponen entre 300 y 400 huevos, que son depositados en el tejido blando de las palmeras, no son fáciles de ver debido a su pequeño tamaño (1-2,5 mm).

Las larvas son de color blanquecino y pueden llegar a alcanzar los 5 cm en su último estadío. No tienen patas y tienen una cabeza muy gruesa de color marrón oscura con unas potentes mandíbulas, lo que la diferencia de la gallinita ciega (Melolontha melolonta). Es la fase larvaria la más agresiva con las plantas.


En su fase de pupa, el insecto se protege en un capullo cilíndrico, fabricado con las fibras de la palmera, que alcanza gran tamaño como puede observarse en la foto:


No es frecuente ver a estos insectos, ya que desarrollan su ciclo biológico en el interior de las palmeras. Los adultos sólo abandonan la planta cuando ya no les queda alimento y vuelan hacia otro ejemplar para colonizarlo.


¿Cómo podemos detectar si una palmera está infectada?

Depende de muchos factores que sea más o menos fácil saber si una palmera está infectada: tamaño de la planta, lugar donde se ha iniciado la infestación, grado de ataque,…

Lo que está claro es que si se observa algún individuo de estos sobre la planta, podemos estar prácticamente seguros de que la palmera ya está infectada.

Si la entrada de los insectos ha sido por la corona de la palmera, cerca del punto vegetativo, podemos observar hojas jóvenes (las más centrales) con foliolos comidos  con unas formas líneas muy características, como puede verse en las fotos:





En otras ocasiones el primer síntoma es la seca de hojas centrales.
Las hojas afectadas se caen muy fácilmente, con sólo tirar de ellas.

Si el ataque se produce a través de las podas o de heridas más exteriores, pueden apreciarse una serie de galerías donde instalan sus capullos, pueden verse las fibras dentro de esas galerías:


Otros síntomas:

  • Al acercarnos al tronco de la palmera podremos escuchar el ruido producido por las larvas alimentándose, se oye muy bien.

  • El olor a podrido que se desprende debido a la pudrición de los tejidos.


Si el problema es detectado a tiempo se podrá tratar la planta y se recuperará, pero en algunas ocasiones eso no es posible y la palmera muere.


¿Cuáles son los métodos de control?

Una detección a tiempo es primordial en el caso de infección. Existen tratamientos curativos que requieren el uso de productos químicos y en el caso de palmeras irrecuperables la única solución es el arranque y destrucción de todos los restos vegetales para evitar la propagación de los insectos a otros individuos sanos.

También se pueden realizar tratamientos preventivos, siempre siguiendo las normas establecidas por la Consejería de Medio Ambiente o el Ministerio de Medio Ambiente.

Como métodos indirectos para evitar la presencia e infección por estos escarabajos se recomienda evitar realizar nuevas plantaciones con las especies sensibles en las zonas afectadas y evitar en todo lo posible las heridas y las podas en los meses de mayor actividad de estos insectos (los meses fríos limitan la actividad del picudo rojo y es en esos meses cuando se debe aprovechar para las podas necesarias).

Toda la información relativa a tratamientos, normativa aplicable y más datos sobre el picudo rojo se puede consultar en este enlace.


Se recomienda también consultar la guía “10 pasos para el control del picudo en mi municipio”.


jueves, 3 de marzo de 2011

La avispa asiática ha llegado a España. Medio Ambiente alerta y da las claves para identificarla


Técnicos del Programa Andaluz de Control de Especies Exóticas han confirmado una rápida expansión de la avispa asiática en el suroeste francés y su entrada por el norte de España, por lo que la Consejería de Medio Ambiente ha lanzado una serie de recomendaciones para evitar una posible colonización de la Comunidad andaluza por parte de esta especie. Entre otros aspectos, la Junta de Andalucía ha pedido ayuda a la población en general, y al colectivo apícola en particular, para que permanezcan alerta y comuniquen rápidamente a la Administración y a las asociaciones del sector cualquier posible observación, a fin de poner en marcha los mecanismos oportunos para frenar su avance.

Para facilitar esta colaboración, la primera herramienta proporcionada ha consistido en ofrecer a la ciudadanía las claves para su correcta identificación. Esta iniciativa está dirigida especialmente a productores apícolas, naturalistas y agentes de Medio Ambiente, y su objetivo es evitar que puedan producirse falsas alarmas, dada la existencia de una especie autóctona europea muy parecida.

En este sentido, la especie asiática se distingue de la europea porque tiene el tórax y el abdomen completamente negros, a excepción del cuarto segmento que es de color amarillo. El tamaño de sus ejemplares es de unos 3 centímetros aproximadamente, aunque la reina alcanza entre 3’5 y 4 centímetros. En cuanto a sus nidos, la especie construye estructuras de grandes dimensiones que cuelgan de árboles, tejados de casas o naves y que albergan unas 1.500 avispas obreras.




Una de las características que determinan su posible impacto reside en su alimentación pues, si bien se alimenta de abejas como el resto de las avispas, esta especie resulta más agresiva. En este sentido, las abejas oriundas de la misma región que la avispa asiática han desarrollado mecanismos de defensa frente a su ataque, pero las abejas melíferas europeas no cuentan con una estrategia de defensa eficaz, por lo que un pequeño bando de avispas asiáticas puede acabar con gran parte de una colmena en poco tiempo y mermar considerablemente su productividad.

Las abejas autóctonas juegan un importante papel en la polinización de especies silvestres y de cultivos, por lo que la entrada en Andalucía de la avispa asiática puede causar graves daños en el medio natural y mermar la producción de miel en numerosas zonas rurales de Andalucía, donde constituye un recurso económico significativo. En Andalucía hay cerca de 148.000 colmenas ubicadas en terrenos de titularidad pública adjudicadas a particulares mediante la Oferta Pública de Aprovechamientos Apícolas, a las que se suman otro importante remanente de colmenas en terrenos privados.

Por tanto, la avispa asiática comparte con todas las especies exóticas invasoras una elevada peligrosidad ecológica, pero también económica. Al riesgo que constituye su presencia para la biodiversidad endémica se añade en este caso una amenaza para la producción derivada de los espacios naturales.

A finales de 2004 se constató por primera vez la entrada en Europa, a través de Francia, de esta especie exótica (Vespa velutina nigrithorax) cuya área de distribución se encuentra originariamente en China, el norte de India e Indonesia. Pasados cuatro años, se confirmó la presencia de la avispa asiática en unos 120.000 km2 del suroeste de Francia e incluso en algunas regiones del centro del continente, lo que indicó su carácter invasor. Finalmente, en verano de 2010 el Instituto Vasco de Investigación y Desarrollo Agrario, Neiker-Tecnalia, confirmó su presencia en Irún (Guipúzcoa).

Fuente: Consejería de Medio Ambiente. Junta de Andalucía.